Esta joya arquitectónica, ubicada en el corazón de la capital, resguarda un claustro barroco excepcional, famoso por sus vibrantes murales que narran la vida de San Joaquín y Santa Ana. Su atmósfera de serenidad y rica historia religiosa atrae a visitantes en busca de un remanso de paz en medio del bullicio urbano. Admira su retablo mayor dorado y piérdete en la belleza de sus detalles, una experiencia cultural y espiritual inigualable. La parroquia ofrece un viaje fascinante al pasado colonial, donde el arte sacro se encuentra con la devoción popular.












